Bienvenidos al blog de la biblioteca del CEIP Navaliegos, en Ponferrada, donde podréis encontrar información sobre el uso y funcionamiento de la biblioteca. También encontraréis publicaciones acerca de las actividades tanto escolares como extraescolares que se realizan en torno a la biblioteca.
Este mes lo dedicamos
a Gianni Rodari, autor italiano que cambió la literatura infantil. En este 2020 se cumplen cuarenta
años de su muerte, cincuenta de la obtención del premio Hans
Christian Andersen -el más prestigioso de la
literatura infantil- y el día 23, cien años de su
nacimiento. Fue pedagogo, maestro y escribió un montón de
libros infantiles y cuentos para niños.
Gianni
Rodari=
Fuente inagotable
de buenas historias
que han
enamorado y enamorana pequeños y mayores.
Algunas de las frases más conocidas de este
MAESTRO, que intentó relacionar íntimamente las palabrasimaginación-juego-libro para ayudar a l@s niñ@s a
vivir la literatura, son:
Hoy compartimos una selección de libros y videos de este mago de la
palabra, del juego, de la literatura y la educación.
El que leemos
hoy pertenece a una colección que se llama "Cuentos para jugar"
El perro que no
sabía ladrar. Autor: Gianni Rodari.
Había una vez un perro que no sabía ladrar. No ladraba, no maullaba, no
mugía, no relinchaba, no sabía decir nada. Era un perrillo muy solitario,
porque había caído en una región sin perros. Por él no se habría dado cuenta de
que le faltaba algo. Los otros eran los que se lo hacían notar. Le decían:
—¿Pero tú no ladras?
—No sé… soy forastero…
—Vaya una contestación. ¿No sabes que los perros ladran?
—¿Para qué?
—Ladran porque son perros. Ladran a los vagabundos de paso, a los gatos
despectivos, a la luna llena. Ladran cuando están contentos, cuando están
nerviosos, cuando están enfadados. Generalmente de día, pero también de noche.
—No digo que no, pero yo…
—Pero tú ¿qué? Tu eres un fenómeno, oye lo que te digo: un día de estos
saldrás en el periódico.
El perro no sabía cómo contestar a estas críticas. No sabía ladrar y no
sabía qué hacer para aprender.
—Haz como yo —le dijo una vez un gallito que sentía pena por él. Y lanzó
dos o tres sonoros kikirikí.
—Me parece difícil —dijo el perrito.
—¡Pero si es facilísimo! Escucha bien y fíjate en mi pico.
—Vamos, mírame y procura imitarme.
El gallito lanzó otro kikirikí.
El perro intentó hacer lo mismo, pero sólo le salió de la boca un desmañado
«keké» que hizo salir huyendo aterrorizadas a las gallinas.
—No te preocupes —dijo el gallito—, para ser la primera vez está muy bien.
Ahora, vuélvelo a intentar.
El perrito volvió a intentarlo una vez, dos, tres. Lo intentaba todos los
días. Practicaba a escondidas, desde por la mañana hasta por la noche. A veces,
para hacerlo con más libertad, se iba al bosque. Una mañana, precisamente
cuando estaba en el bosque, consiguió lanzar un kikirikí tan auténtico, tan
bonito y tan fuerte que la zorra lo oyó y se dijo: «Por fin el gallo ha venido
a mi encuentro. Correré a darle las gracias por la visita…» E inmediatamente se
echó a correr, pero no olvidó llevarse el tenedor, el cuchillo y la servilleta
porque para una zorra no hay comida más apetitosa que un buen gallo. Es lógico
que le sentara mal ver en vez de un gallo al perro que, tumbado sobre su cola, lanzaba
uno detrás de otros aquellos kikirikí.
—Ah —dijo la zorra—, conque esas tenemos, me has tendido una trampa.
—¿Una trampa?
—Desde luego. Me has hecho creer que había un gallo perdido en el bosque y
te has escondido para atraparme. Menos mal que te he visto a tiempo. Pero esto
es una caza desleal. Normalmente los perros ladran para avisarme de que llegan
los cazadores.
—Te aseguro que yo… Verás, no pensaba en absoluto en cazar. Vine para hacer
ejercicios.
—¿Ejercicios? ¿De qué clase?
—Me ejercito para aprender a ladrar. Ya casi he aprendido, mira qué bien lo
hago.
Y de nuevo un sonorísimo kikirikí.
La zorra creía que iba a reventar de risa. Se revolcaba por el suelo, se
apretaba la barriga, se mordía los bigotes y la cola. Nuestro perrito se sintió
tan mortificado que se marchó en silencio, con el hocico bajo y lágrimas en los
ojos.
Por allí cerca había un cucú. Vio pasar al perro y le dio pena.
—¿Qué te han hecho?
—Nada.
—Entonces ¿por qué estás tan triste?
—Pues… lo que pasa… es que no consigo ladrar. Nadie me enseña.
—Si es sólo por eso, yo te enseño. Escucha bien cómo hago y trata de
hacerlo como yo: cucú… cucú… cucú… ¿lo has comprendido?
—Me parece fácil.
—Facilísimo. Yo sabía hacerlo hasta cuando era pequeño. Prueba: cucú… cucú…
—Cu… —hizo el perro—. Cu…
Ensayó aquel día, ensayó al día siguiente. Al cabo de una semana ya le
salía bastante bien. Estaba muy contento y pensaba: «Por fin, por fin empiezo a
ladrar de verdad. Ya no podrán volver a tomarme el pelo».
Justamente en aquellos días se levantó la veda. Llegaron al bosque muchos
cazadores, también de esos que disparan a todo lo que oyen y ven. Dispararían a
un ruiseñor, sí que lo harían. Pasa un cazador de esos, oye salir de un
matorral cucú… cucú…, apunta el fusil y —¡bangl ¡bangl— dispara dos tiros.
Por suerte los perdigones no alcanzaron al perro. Sólo le pasaron rozando
las orejas, haciendo ziip ziip, como en los chistes. El perro a todo correr.
Pero estaba muy sorprendido: «Ese cazador debe estar loco, disparar hasta a los
perros que ladran…»
Mientras tanto el cazador buscaba al pájaro. Estaba convencido de que lo
había matado.
—Debe habérselo llevado ese perrucho, no sé de dónde habrá salido
—refunfuñaba. Y para desahogar su rabia disparó contra un ratoncillo que había
sacado la cabeza fuera de su madriguera, pero no le dio.
El perro corría, corría…
PRIMER FINAL
El perro corría. Llegó a un prado en el que pacía tranquilamente una
vaquita.
—¿Adonde corres?
—No sé.
—Entonces párate. Aquí hay una hierba estupenda.
—No es la hierba lo que me puede curar…
—¿Estás enfermo?
—Ya lo creo. No sé ladrar.
—¡Pero si es la cosa más fácil del mundo! Escúchame: muuu… muuu… muuuu… ¿No
suena bien?
—No está mal. Pero no estoy seguro de que sea lo adecuado. Tú eres una
vaca…
—Claro que soy una vaca.
—Yo no, yo soy un perro.
—Claro que eres un perro. ¿Y qué? No hay nada que impida que hables mi
idioma.
—¡Qué idea! ¡Qué idea!
—¿Cuál?
—La que se me está ocurriendo en este momento. Aprenderé la forma de hablar
de todos los animales y haré que me contraten en un circo ecuestre. Tendré un
exitazo, me haré rico y me casaré con la hija del rey. Del rey de los perros,
se comprende.
—Bravo, qué buena idea. Entonces al trabajo. Escucha bien: muuu… muuu…
muuu…
—Muuu… —hizo el perro.
Era un perro que no sabía ladrar, pero tenía un gran don para las lenguas.
SEGUNDO FINAL
El perro corría y corría. Se encontró a un campesino.
—¿Dónde vas tan deprisa?
—Ni siquiera yo lo sé.
—Entonces ven a mi casa. Precisamente necesito un perro que me guarde el
gallinero.
—Por mí iría, pero se lo advierto: no sé ladrar.
—Mejor. Los perros que ladran hacen huir a los ladrones. En cambio a ti no
te oirán, se acercarán y podrás morderlos, así tendrán el castigo que se
merecen.
—De acuerdo —dijo el perro.
Y así fue cómo el perro que no sabía ladrar encontró un empleo, una cadena
y una escudilla de sopa todos los días.
TERCER FINAL
El perro corría y corría. De repente se detuvo. Había oído un sonido
extraño. Hacía guau guau. Guau guau.
—Esto me suena —pensó el perro—, sin embargo no consigo acordarme de cuál
es la clase de animal que lo hace.
—Guau, guau.
—¿Será la jirafa? No, debe ser el cocodrilo. El cocodrilo es un animal
feroz. Tendré que acercarme con cautela.
Deslizándose entre los arbustos el perrito se dirigió hacia la dirección de
la que procedía aquel guau guau que, no sabía por qué, hacía que le latiera tan
fuerte el corazón bajo el pelo.
—Guau, guau.
—Vaya, otro perro.
Sabéis, era el perro de aquel cazador que había disparado poco antes cuando
oyó el cucú.
—Hola, perro.
—Hola, perro.
—¿Sabrías explicarme lo que estás diciendo?
—¿Diciendo? Para tu conocimiento yo no digo, yo ladro.
—¿Ladras? ¿Sabes ladrar?
—Naturalmente. No pretenderás que barrite como un elefante o que ruja como
un león.
—Entonces, ¿me enseñarás?
—¿No sabes ladrar?
—No.
—Mira y escucha bien. Se hace así: guau, guau…
—Guau, guau —dijo en seguida nuestro perrito. Y, conmovido y feliz, pensaba
para sus adentros: «Al fin encontré el maestro adecuado.»
¡¡¡¡¡OS ANIMAMOS A
PASAR UN BUEN RATO CON ESTOS CUENTOS CORTOS Y VIDEOS LLENOS DE FANTASÍA, IMAGINACIÓN Y DIVERSIÓN!!!!!!!
¡DESEAMOS QUE HAYÁIS DISFRUTADO DE ESTAS LECTURAS TAN FANTÁSTICAS!
ENHORABUENA BUENA A LOS MAGNÍFICOS CUENTACUENTOS DE ESTE CURSO.
Nuestro amigo Xardón nos cuenta como enVillafranca del Bierzo, uno de los pueblos más
bonitos de nuestra comarca, existe una tradición que se celebra en el mes de mayo.
ABRIL
CANCIÓN DE PRIMAVERA
Las hojas del sauce no quieren dormir las acuna el viento que trae el mes de abril. Murmura el arroyo canción de cristal para que se mire la luna al pasar. El sauce, celoso, inclina sus ramas
y da con sus hojas mil besos al agua. Y el agua, riendo, entre blanca espuma,
en busca del río se lleva a la luna . AUTOR: Carlos Reviejo
¡ESTAMOS EN EL MES DEL LIBRO!
Os voy a ir dejando diferentes libros, en distintos formatos.Historias para pequeños y grandes. En algunas hay que leer en otras hay que escuchary en otras mirar e imaginar.
¿Te atreves?
1
El monstruo de colores también explica qué es el Coronavirus
Con su habitual juego de colores asociado a las emociones, el vídeo coge al personaje de Anna Llenas para hablar de las emociones que puede provocar esta nueva circunstància entre los niños.
Jimmy Liao-Nació en Taipei, Taiwán, en 1958. Licenciado en Bellas Artes con especialización en Diseño. Trabajó doce años en el mundo de la publicidad hasta que decidió dedicarse a escribir y dibujar sus propias historias.
Un viaje en un tren muy particular. En este viaje la historia la tienes que inventar TÚ. Iras pasando por lugares de ensueño, dónde la imaginación es el hilo conductor de la historia.
¿Te atreves?
Toca en la dirección y veras el hermoso video. Donde la música y las imágenes se suceden formando una hermosa historia,en la que tú tendrás que poner las palabras.
4 Desde la publicación en 1998 de sus dos primeros libros, Secretos en el bosque y El pez que sonreía,Jimmy Liao ha revolucionado las normas del álbum ilustrado.
Mira el comienzo de este libro, el final..... cuando volvamos al cole.
¡Porque disfrutaremos del libro!. 5 Aquí está Xardón otra vez para contarnos más cosas de nuestro BIERZO.
Diana y Lolo estarán encantados de que leáis una historia de su nuevo libro:
"Bierzo Mítico".
El filandón es una reunión de amigos, para pasar el rato se cuentan historias, cuentos y leyendas.
Xardón aprovecha el magosto para reunirse con sus queridos amigos y compartir todas estas tradiciones con ellos.
Una de estas leyendas os la dejo aquí para que la disfrutéis.
6
Esperanza, el emotivo poema que escribió el actor cubano Alexis Valdésa raíz de la actual situación sanitaria que se vive a nivel mundial por la propagación del coronavirus, ha logrado traspasar fronteras y ha dado la vuelta al mundo.